¡MATAMOS AL CHE!

Todo lo que no tenga cabida en ninguna parte pero que por su excepción, confirme la regla.

¡MATAMOS AL CHE!

Notapor PanchoVertigen » 12 Oct 2017, 09:56

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Un lluvioso Enero cuatro estudiantes aprovechamos nuestras vacaciones para viajar desde el Norte argentino hasta Bolivia. Queríamos hacer un recorrido por los lugares en los que se desarrolló la guerrilla boliviana del Che y entrevistar a la gente y a periodistas de la zona, para poder presentar luego el trabajo en la Universidad.

Dadas nuestras precarias condiciones económicas, el viaje lo hacíamos en lo que en España se llamaba "el coche de San Fernando, un ratito a pie y otro andando" y cuando podíamos "a dedo" o sea auto stop, si algún camionero pensaba que éramos buena gente, a pesar de nuestro aspecto desaliñado.

Mi abuelo, exilado en Sudamérica desde la guerra civil y vuelto a casar, me había dicho una y otro vez que Bolivia era aún más peligrosa que Brasil y que debía de tener mucho cuidado, pero a los veinte años uno no tiene conciencia del peligro. El viaje por esas estrecha carretera sin asfaltar eran toda una aventura. Tragabas tanto polvo, que podías hacer adobes con la saliva dentro de tu boca. Menos mal que a medio camino, uno se podía parar a comer en alguna población para beberse una cervecita y comer algo. Si uno además de extranjero era inexperto, podían originarse diálogos tan originales como éste:
-¿Qué hay para comer?
-Almuerzo, señor.
-¿Y qué tiene el almuerzo?
-Hay un primerito, señor. Y un segundo.


En realidad, esos lugares donde sirven comidas eran a veces sólo son chicherías, porque se sirve chicha, esa bebida alcohólica de maíz, que las cholitas o mujeres indígenas mascan, para luego hervir el bolo resultante hasta lograr su fermentación. Lo que no hay que preguntar nunca es el menú, porque es invariable. El segundito o segundo plato es un guiso de patatas o guisantes, con algún trozo de carne y el primerito es una sopa con los restos del segundito del día anterior.

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El viaje más provechoso lo hicimos en un camión ovejero, con un grupo de campesinos que hablaban un quechua endiablado. De cuando en cuando, uno de sus líderes les gritaba consignas políticas:
-¡Abajo el MNR!
Y todos contestaban a coro en una especie de quechuañol:
-¡Awajo nomás!
-¡Abajo la Falange!
-¡Awajo!
-Abajo los milicos!
-¡Awajo!


Hasta que llegó un momento que el patroncito, o sea el chófer del camión EL RAYO SOY, DONDE ME LLAMAN VOY, que tenía muy mal genio, paró el vehículo gritando:
-¡Abajo del camión!
-¡Awajo, nomás, siempre pues!


Y así continuamos el camino más tranquilos, porque las pobres ovejas estaban tan desnutridas, que ni balar podían. Además descubrí en ese viaje que los malos olores sólo molestan al principio. Luego, poco a poco, ese olor te va impregnando y haciéndose tuyo y ya dejas de oler mal para convertirte simplemente en maloliente.

Hasta llegar a Sucre, nuestro viaje había sido infructuoso. Sucre es una ciudad pequeña, que lleva el nombre de uno de los grandes libertadores americanos y que en un tiempo más glorioso y ya pasado, había sido no sólo la capital oficiosa, sino oficial de Bolivia. En esa pequeña ciudad, de altitud muy similar a Cochabamba, Quito o Bogotá, o sea cercana a los 3.000 metros, el clima suele ser templado todo el año y las estaciones sólo son dos: la de las lluvias y la seca.

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La gente se negaba a comentar nada sobre el Che. Así que nos dedicamos a reponer fuerzas comiéndonos un ajicito de pollo y bebiendo unas cervezas. Unos jóvenes estudiantes nos animaron a unirnos al corro, para enseñarnos un juego de dados muy especial. Se ponía un dado con seis números en un cubilete y este juego de dados, seguro que no lo patrocinaría nunca la Sociedad de Alcohólicos Anónimos. Si salía un 1, As tomarás, te tocaba vaciar la copa, si salía un 2, dos tomás vos, le tocaba beber al de al lado y así sucesivamente. Además el pollo picante te ayudaba a beber más. De manera que si no sabías retirarte a tiempo pasabas por las tres etapas de la borrachera, que contaba un sabio colombiano y que son la mona(euforia e inhibición), la perra (fase colérica y propensa a la violencia) y la culequera (cuando andas culequeando y apenas puedes desplazarte de un sitio sin ayuda ajena).

A Piero y a mí no nos caía nada bien el alcohol y nos quedamos en otra mesa, cerca de un hombre de unos treinta y pico años, al que sólo acompañaban 4 botellas de cerveza, tres de ellas vacías. No hacía más que repetir una frase ininteligible, algo de matar a alguien. Piero me dijo a lo oído:
-Seguro que este tipo se ha cargado a su viuda y ahora lo lamenta.
A mí me pareció oír otra cosa: algo así como "maté al Che".
-¿De quién habla, amigo? ¿Del Che Guevara?
Asintió con la cabeza, pero tuve que apartarme corriendo antes de que entonara el canto del buitre y me ensuciara de vómito mi única camisa limpia.

La suerte nos había hecho toparnos con un periodista chuquisaqueño llamado Hugo Delgadillo Olivares. Le acompañamos fuera hasta su movilidad (así llaman en Bolivia a los vehículos) y nos dejó su tarjeta, diciendo que mañana fuéramos a verle a la emisora en la que trabajaba, porque nos contaría unas historias sobre el Che y nos enseñaría unas fotos. Cosa que hicimos los cuatro a la mañana siguiente, provistos de nuestro magnetófono con pilas nuevas.

En Sucre la Iglesia Católica y concretamente los jesuítas, para competir con las potentes emisoras americanas protestantes, había fundado hace años una emisora que creo que aún existe: Radio Loyola. El nombre en Bolivia era muy popular, porque aunque nadie conocía el apellido del fundador de los jesuítas, raro era el paisano que no tenía una Yolanda a quien enamorar o en su familia. Por eso la gente recordaba muy bien el nombre Radio La Yola y nos fue muy fácil dar con ella. Eso sí, a Huguito tuvimos que esperarle un buen rato, pero valió la pena. Lo que nos dijo esa mañana quedó grabado en una cinta magnetofónica, que de tanto rebobinar se quedó inservible. Pero, afortunadamente el disco duro de mi memoria no sólo es de buen tamaño, sino que parece funcionar aún bien. Delgadillo Olivares trabajaba como reportero en "La Yola" desde mediados de los años setenta, alternando con colaboraciones para diarios de La Paz.

Al frente de emisora tan católica había-claro está un cura, el Padre Santiago- al que el personal llamaba cariñosamente El Pájaro loco por su tupé que recordaba al famoso dibujo animado. Pero el brazo civil de La Yola corría a cargo de Gantier, un boliviano moreno y dicharachero, que entre las mujeres tenía fama de Don Juan, porque contaban que cuando los maridos estaban ausentes tomando cervecita y jugando a los dados, se enfilaba por los balcones de las temporalmente viudas para consolarlas. Yo no sé si eran habladurías, porque nunca le acompañé en ninguna de sus escapadas.

Gantier me hacía pasar horas transcribiendo los telex de las agencias informativas que, a veces eran prácticamente ininteligibles, por fallos técnicos. Así por ejemplo te llegaba un cable anunciando “INESITA ALBOROTA LAS TROPAS” y había que cambiarlo por “INIESTA” (nombre de un coronel golpista). Pero era curioso; desde hacía meses se había declarado una sangrienta batalla entre el ejército y los guerrilleros a un centenar de kilómetros de donde vivíamos y nos teníamos que enterar a veces desde el extranjero. Y esa mañana, antes de que yo llegara, se había recibido un telex de Reuter muy claro y sin errores: FUENTES MILITARES REPORTAN DETENCION GUERRILLEROS EN MUYUPAMPA. Así que el flaco Vacaflor y yo agarramos nuestra movilidad y salimos volando hacia esa localidadprestigioso de la emisora y corresponsal del diario PRESENCIA de La Paz y ya estaba dispuesto a salir hacia Muyupampa, tan pronto como Gantier le proporcionara una movilidad, que es como llaman en Bolivia a los vehículos.

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El caso es que Delgadillo y Vacaflor, sin detenerse ni para comer, llegaron a Muyupampa cuando aún no había llegado nadie más de la prensa. En el maletero de su furgoneta de la emisora, había una vieja sotana de El Pájaro Loco, que el cura siempre se quitaba al salir de la ciudad para ir más cómodo y a Huguito se le ocurrió ponérsela para hacerse pasar por cura y entrar más fácilmente en el puesto donde dos guerrilleros estaban detenidos, logrando fotografíar a ambos.

-¡Fue regio, cómo logré engañarlos! Pensé que si hasta el Pájaro loco puede hacer de cura, ¿por qué nomás no iba yo a poder remedarlo? ¿Saben, hermanos? Para mí que uno era como medio francés y el otro tenía acento porteño fijo, pero no era el Che.

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Al volver a La Yola, Huguito tenía una llamada urgente a La Paz. Pronto supo que el “medio-francés” no era otro que Regis Debray, amigo personal de Fidel Castro y autor del famoso ensayo Révolution dans la révolution?

Y Hugo Delgadillo Olivares cambió la historia, porque al publicarse al día siguiente la fotografía de Regis Debray en PRESENCIA, y poco después en toda la prensa extranjera, se vieron truncados los planes del siniestro Jefe del Ejército Alfredo Ovando Candía de matar a ambos. Y mucho menos, cuando el propio Presidente Barrientos recibió horas después una llamada personal de De Gaulle, diciéndole que le hacía responsable de la vida del ciudadano francés.

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Debray, que había puesto en peligro la guerrilla al infiltrarse en la zona con un supuesto periodista que en realidad era agente de la CIA, no aguantó el ambiente infernal de Ñancahuazú e insistió ante el Che en que quería irse. Cuando le apresaron cantó todo y aún le hecho luego la culpa a Ciro Bustos de la delación.

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Huguito sólo obtuvo algo de fama por esta historia. La platita, o sea el dinero, lo obtuvo con sus célebres fotos del Che Guevara muerto en Vallegrande, especialmente de una tomada al cadáver yaciente desde los pies, al estilo de un famoso cuadro de Mantegna de Jesús muerto y que vendió luego a una agencia italiana.

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Pero, lo más regio fue cuando asistimos asistiendo en Camiri al juicio de Regis Debray.Tuvimos que pasar dos controles militares para poder entrar en Camiri, pero al fin pude ver cara otra vez a cara al francés y al argentino. Ciro Bustos se pasaba las sesiones dibujando. Debray, en plan francés altanero, mirando con insolencia tanto al Tribunal como al público. Lo que más llamaba la atención de él al intervenir eran su extremada delgadez y el más que correcto español con el que se expresaba.

El juicio se sabía que estaba amañado, porque De Gaulle era mucho De Gaulle antes y entonces. Pero hubo un momento del juicio que nunca olvidaré. En su intervención final, el fiscal militar, Coronel Remberto Iriarte, se encaró directamente con el intelectual francés y le dijo exatamente esto, si no recuerdo mal:
-Sr. Debray, Vd. se cree un filósofo pero no es más que un mal revolucionario y además un traidor. Hasta que pudimos capturarle, sabíamos que un tal Quispe o un tal Mamani afirmaban que el Che Guevara estaba en Bolivia. Pero cuando Vd. nos lo dijo; Vd. que era amigo personal de Fidel, no lo supimos con certeza y entonces, Sr. Debray, fue cuando duplicamos, triplicamos y centuplicamos nuestro esfuerzo hasta poder capturar al guerrillero.


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La cara de Hugo Delgadillo se iluminaba recordando la escena. Dirigiéndose a mí, por mi acento español me dijo que los europeos éramos siempre muy arrogantes y que los argentinos también lo eran. Eso le pasó al Che, que creía que iba a poder hacer algo en Bolivia sin cotar con los bolivianos. Pero el Che era buena gente, aquí la gente lo quiere Debray reflejó por primera vez el impacto de lo que había oído. Remberto Iriarte era el típico mestizo bajito, gordito, cuellicorto y cogotón- hoy recordaría al actual Presidente venezolano- que sabía muy bien que para ascender socialmente y codearse con los blancos, sólo había dos ascensores sociales: el Ejército o la Iglesia.Y él no había dudado en escoger lo primero.

En lo más vibrante del relato, alguien entró en su despacho- debería ser ese tal Gantier- y le dijo que el locutor necesitaba que acabara su crónica para leerla en el Noticiario de las 2. Nos levantamos y los 4 le saludamos a la boliviana (mano, abrazo, mano) Antes de que nos fuéramos volvió a emocionarse y nos dijo balbuceando:
-¡Matamos al Che! Si no hubiéramos ido ese día a Muyupampa, le habrían fusilado al francés, sin que tuviera tiempo de delatar a nadie. ¡Somos unos cojudos!

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Re: ¡MATAMOS AL CHE!

Notapor droid » 12 Oct 2017, 11:25

Muchas gracias por compartir tu interesante experiencia, Vertigo. :amo: :aplauso: :amo:

Un cordial saludo. :hi:
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Re: ¡MATAMOS AL CHE!

Notapor arturogordopin » 13 Oct 2017, 23:21

Muchísimas gracias PanchoVertigen.
Siempre me resultó un personaje sospechoso el tal Regis Debray.
En la época que usted relata llegué a pensar que era de la CIA, porque si no era agente, los traía acuestas.
Donde quiera que paraba la cosa se torcía. Fíjese en el palacio de la moneda. Cuando menos era pájaro de mal agüero y flojo.
Salud.
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Re: ¡MATAMOS AL CHE!

Notapor PanchoVertigen » 14 Oct 2017, 09:30

arturogordopin escribió:Siempre me resultó un personaje sospechoso el tal Regis Debray.
En la época que usted relata llegué a pensar que era de la CIA, porque si no era agente, los traía acuestas.
Donde quiera que paraba la cosa se torcía. Fíjese en el palacio de la moneda. Cuando menos era pájaro de mal agüero y flojo.


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